Holi: la fiesta de los colores que celebra la alegría y la primavera

Jacob Smith

Updated: 26 Mayo 2026 ·
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Holi, conocida como la Fiesta de los Colores, es una de las celebraciones más alegres e icónicas de la India. Celebrada cada año en primavera, marca la victoria del bien sobre el mal y la llegada de la hermosa temporada.

Cuando se oye hablar de Holi, rápidamente se nos vienen a la mente imágenes de calles inundadas por nubes de polvos de colores, sonrisas que se mezclan entre la multitud y una alegría colectiva que parece trascender cualquier barrera. Sin embargo, al observar debajo de la superficie vibrante de esta celebración, se descubre una estratificación de significados que va más allá del simple aspecto lúdico.

Orígenes e historia

Holi hunde sus raíces en épocas en las que la línea entre mito, rito y vida cotidiana era todo menos clara. Según la tradición más extendida, la narración gira en torno a la figura de Hiranyakashipu, un demonio de poder temible, su hijo devoto Prahlad y Holika, la tía que, según la leyenda, terminó consumida por las llamas mientras intentaba perjudicar a su sobrino protegido por la fe. Este relato se encuentra en antiguos textos sánscritos como el Bhāgavata Purāṇa, pero, curiosamente, no todos los estudiosos coinciden en cuán originales han sido transmitidas estas historias o si han sufrido ajustes con el paso de los siglos. He seguido esta pista durante años, y sin embargo, siempre queda un halo de misterio.

Muchas fuentes, como los estudios de la prof. Meera Subramanian, remontan Holi a rituales agrícolas mucho más antiguos, en los que el fuego encendido la noche antes del festival simbolizaba la purificación y la llegada de la primavera. El elemento rural aquí es esencial: no solo se trataba de honrar a las deidades, sino de propiciar las cosechas y renovar los lazos dentro de la comunidad.

Un segundo hilo fundamental está relacionado con Krishna, a menudo representado en pinturas populares jugando con Radha y las pastoras, lanzando polvos de colores que simbolizan alegría y libertad. En algunas regiones, estas imágenes se convierten incluso en la cifra estilística de la celebración: los colores son literalmente una declaración de amor a la vida y a la convivialidad. Según algunas fuentes, las primeras celebraciones de Holi eran eventos de gran cohesión social, en los que cada diferencia se suspendía temporalmente. Nunca he logrado encontrar dos versiones idénticas de esta historia entre las comunidades rurales y urbanas: señal de que la leyenda está viva, se adapta y se transforma.

La palabra "Holi" y sus múltiples sentidos

La etimología misma de Holi merece algunas palabras más. El término evoca inmediatamente la figura de Holika, la hermana del demonio, que según la leyenda fue consumida por las llamas divinas. En algunas regiones, sin embargo, la fiesta lleva diferentes nombres, como Phagwah, un término que trae consigo un eco del ciclo estacional y de la fertilidad. La poliedricidad de estos nombres ha sido estudiada durante mucho tiempo por lingüistas indios y occidentales: algunos sostienen que "Holi" era al principio una expresión local, luego convertida en nacional por la popularidad de las leyendas. Pero hay quienes ven en la difusión de "Phagwah" una voluntad de las comunidades agrícolas de mantener vivo el referente a la naturaleza, más allá de la narración mitológica.

Una multiplicidad de nombres que refleja la capacidad de la cultura india de renovarse e integrar elementos diversos, manteniendo sin embargo firme el referente a las raíces espirituales. En ciertas zonas del norte de India, la fiesta se llama con el nombre del mes lunar mismo, Phalgun, casi para subrayar una vez más la importancia de la ciclicidad natural y de la regeneración.

Transformaciones, continuidades, sorpresas

La historia de Holi no se agota en alguna leyenda narrada alrededor de un fuego. Con el tiempo, la fiesta ha atravesado múltiples transformaciones: de rito agrícola y religioso a fenómeno cultural global. Inicialmente confinada a pequeños pueblos, Holi se ha ido expandiendo gradualmente en las ciudades, asumiendo también una función de ruptura social. Las nuevas generaciones han traído consigo danzas, música, performances teatrales y, en tiempos recientes, incluso desfiles urbanos de tonos casi carnavalescos.

Y sin embargo, incluso en los contextos más modernos, el mensaje original permanece intacto: renovación, esperanza, superación de las divisiones. No son raros los casos en que, durante las celebraciones en Londres o Nueva York, se encuentran momentos de silencio y recogimiento alrededor de una pequeña hoguera improvisada. Quizás esta sea la fuerza de Holi: ser siempre ella misma, y aun así diferente cada vez.

El arte del encuentro: igualdad y apertura

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Uno de los aspectos más impactantes, observando Holi tanto en las ciudades como en el campo, es su capacidad de crear un espacio de encuentro real entre las personas. La costumbre de lanzarse polvos de colores (gulal) no es un simple juego: es un acto de apertura, una forma de dejar de lado diferencias y rencores, al menos por un día. "Los colores de Holi son como pinceladas en un lienzo colectivo", escribe el antropólogo Vinay Lal, y ¿cómo no darle la razón? Cada uno, con su propio gesto, contribuye a un cuadro más grande, donde la diversidad se convierte en riqueza y la suma de cada historia personal se transforma en experiencia compartida.

Siempre me sorprende cómo la fiesta logra involucrar incluso a quienes, por cultura o religión, no tendrían motivos "oficiales" para participar. He visto a barrios enteros, compuestos por personas de confesiones diferentes, unirse espontáneamente en danzas y juegos que ponen en el centro solo el deseo de estar juntos.

La componente espiritual: entre fuego y colores

Desde el punto de vista espiritual, Holi permanece fuertemente anclada a los valores del hinduismo. El fuego del Holika Dahan, encendido la noche anterior a la fiesta, es el momento de máxima participación religiosa: aquí se recitan oraciones, se canta y se confía simbólicamente al fuego toda negatividad acumulada durante el año. En algunas zonas, se conserva la ceniza para esparcirla en los campos o en las casas, convencidos de que trae buena suerte.

Durante el día principal, la figura de Krishna se impone en los relatos, en las danzas y en los cantos devocionales. El juego de colores, por muy profano que parezca, retoma el tema del amor divino que se expresa en la espontaneidad, la alegría y la búsqueda de conexión entre los seres humanos.

Símbolos visuales y objetos de culto

El festival está salpicado de elementos simbólicos: el polvo de colores (gulal), las flores de temporada, los dulces preparados en casa y, por supuesto, la hoguera. Cada color tiene una valencia específica: el rojo evoca la energía vital, el amarillo la prosperidad, el azul la protección de Krishna. Sin embargo, no todos están de acuerdo con estas atribuciones: algunas comunidades dan más importancia a los colores claros, otras a los tonos vivos.

La hoguera del Holika Dahan es, en cambio, el punto fijo en todas partes: representa la destrucción del mal y el renacimiento espiritual. Además, la elección de los materiales para encender el fuego tiene un valor: a menudo se utilizan maderas aromáticas, hierbas que, además de perfumar, se consideran portadoras de bienestar. Un detalle que encuentro intrigante es la presencia, en algunas áreas rurales, de pequeños objetos votivos arrojados entre las llamas como signo de gratitud o petición de protección.

Cuándo se celebra: luna llena y primavera

Holi sigue el calendario lunar hindú: la celebración ocurre durante la primera luna llena de marzo, en el mes de Phalgun. Este periodo coincide con el despertar de la naturaleza, los primeros calores, los campos que se tiñen de flores y brotes. No hay una fecha fija, lo que alimenta cada año una expectativa particular. En algunas comunidades rurales se organizan verdaderos rituales propiciatorios ya en las semanas previas, casi como marcando un tiempo de preparación que va más allá de la simple logística.

Un detalle curioso que he recogido durante una investigación en Uttar Pradesh se refiere a la costumbre de purificar la casa la noche anterior al festival, con pequeños rituales domésticos: cada gesto está destinado a "dejar fuera" el invierno y todo aquello que se quiere olvidar.

Estructura de la fiesta: entre fuego y colores

La celebración se desarrolla en dos días fundamentales. El primero, dedicado al Holika Dahan, prevé la iluminación de la hoguera y una serie de cantos y oraciones colectivas. El segundo día es el más conocido, en el que la gente inunda las calles para el juego de colores (Rangwali Holi). No todos participan de la misma forma: en algunas familias prefieren vivir la fiesta entre las paredes del hogar, mientras que en las ciudades la dimensión pública ha tomado el protagonismo. Hay quienes organizan juegos, desfiles, banquetes callejeros y quienes, en cambio, mantienen viva una dimensión más íntima.

Preparativos: entre limpieza y creatividad

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La preparación de Holi es casi un ritual en sí misma. Las mujeres de casa se dedican durante días a la elaboración de los polvos de colores, a menudo utilizando ingredientes naturales como cúrcuma, pétalos de rosa y hojas de neem. La costumbre de preparar todo de manera artesanal sigue viva, aunque en los últimos años han aumentado los polvos industriales. Sin embargo, algunos ancianos fruncen el ceño ante los productos comerciales: "los colores naturales eran más fragantes y traían buena suerte", sostienen.

Las calles y plazas se adornan con flores, banderas, pequeños altares móviles. Los niños participan con entusiasmo, ayudando en la recolección de leña para la hoguera o en la decoración de las casas. A veces también se organizan pequeñas competiciones de creatividad: quien logre realizar la decoración más original recibe un pequeño premio, quizás simbólico, pero siempre apreciado.

La hoguera: fuego de purificación

El Holika Dahan es quizás el momento más sugestivo de todo el festival. La comunidad se reúne alrededor del fuego, se cuentan historias, se entonan cantos y se intercambian buenos deseos. En muchas áreas se recogen ofrendas - flores, semillas, pequeños dulces - que son arrojadas entre las llamas. En algunas familias la ceniza de la hoguera se conserva todo el año como protección contra las desgracias. Quizás sea realmente efectivo, pero es cierto que el gesto refuerza un sentido de continuidad familiar.

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Los colores y sus significados

El segundo día, con el juego de colores, todo se transforma en fiesta. Los polvos gulal se preparan tradicionalmente con pigmentos naturales: el rojo de sándalo o hibisco, el verde de hojas de neem, el amarillo de cúrcuma, el azul de flores de jacaranda. Cada color cuenta una historia: el rojo representa la fertilidad y la alegría, el verde la prosperidad, el azul la divinidad, el amarillo la luz. Pero, para ser honestos, para los más pequeños vale sobre todo la regla de "más colores, más diversión".

A diferencia de lo que ocurría en el pasado, hoy en día a menudo se usan prendas blancas: no por pura casualidad, sino porque funcionan como el lienzo perfecto para resaltar cada matiz de color.

Prendas y detalles regionales

No en todas partes se sigue la moda de las prendas blancas. En Rajasthan, por ejemplo, a menudo se usan trajes tradicionales con bordados vivos, mientras que en otras regiones predominan los sari de colores pastel o las túnicas con motivos florales. El momento de vestirse es, en muchas familias, casi solemne: los abuelos bendicen la ropa de los nietos, deseándoles salud y felicidad para el año venidero. Un pequeño gesto que vale más que mil explicaciones teóricas.

En la plaza: procesiones, música, teatro

Las celebraciones públicas de Holi, especialmente en ciudades históricas como Mathura o Vrindavan, son una experiencia fuera de lo común. Miles de personas se lanzan a las calles, las procesiones atraviesan los barrios, la música - tradicional o moderna - acompaña cada paso. En Vrindavan, la "ciudad de Krishna", se organizan espectáculos teatrales que recrean sus legendarias travesuras. Una vez me encontré con un grupo de ancianos que, durante la fiesta, entonaban cantos devocionales con tal intensidad que incluso los más jóvenes se detenían a observar en silencio.

A menudo, las autoridades locales participan activamente, inaugurando las festividades con discursos y involucrando a escuelas, asociaciones culturales, grupos de voluntariado. Un detalle que siempre me ha impresionado es la inclusión de personas pertenecientes a minorías: Holi se convierte, también para ellas, en una ocasión de visibilidad y reivindicación social.

En familia: rituales íntimos y transmisión oral

La dimensión doméstica de Holi, aunque menos ostentosa, sigue siendo central. Las familias se reúnen para preparar dulces, limpiar la casa, contar historias a los adolescentes, involucrar a los niños en los rituales de la mañana. A menudo, al final del día, se intercambian regalos: no solo comida, sino también pequeños objetos artesanales, signo de afecto y deseo de prosperidad.

Hay pueblos donde la preparación de los colores se vive como una especie de rito de paso: los más jóvenes aprenden de los abuelos los secretos de las mezclas, las dosis de especias, los tiempos de maceración de las plantas.

El regalo como gesto ritual

El intercambio de regalos, durante Holi, no es solo un acto material: simboliza la renovación de los lazos. Un pequeño Gujiya (dulce típico relleno de leche y nueces), un puñado de dulces especiados, un ramo de flores: todo sirve para fortalecer afectos y amistades. No es raro que, tras una discusión o un altercado, se reconcilien justo en la ocasión de la fiesta. La estudiosa Radhika Sharma, en un ensayo de 2019, recuerda que "el verdadero regalo de Holi es la oportunidad de comenzar de nuevo".

Dulces, bebidas, símbolos de abundancia

Hay quienes sostienen que el verdadero "corazón" de Holi está en la mesa. La cocina es protagonista, con recetas transmitidas de generación en generación. El Gujiya, el dulce más típico, recuerda la forma de la media luna y simboliza la ciclicidad del tiempo. Cada familia tiene su variante, con rellenos que van desde los frutos secos hasta las especias más atrevidas.

Entre las bebidas, el Thandai tiene un papel central: leche, almendras, especias y, en ciertos casos, un toque de Bhang, una preparación tradicional a base de cannabis, utilizada en contextos sagrados para favorecer un estado de alegría y comunión. No todos aprueban esta costumbre, pero en algunas áreas rurales se considera parte integral del rito.

La comida, en definitiva, no es solo alimento sino símbolo de abundancia, de compartir, de renovación. Cada familia contribuye a una especie de "banquete colectivo", donde se mezclan sabores, historias, recuerdos.

Diferencias regionales y adaptaciones

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Holi, aunque universalmente reconocible, presenta infinitas matices locales. En Bengala Occidental, por ejemplo, la fiesta se entrelaza con el Basanta Utsav, con danzas y poesías que celebran la naturaleza y la primavera. En Rajasthan, la música folclórica y los desfiles a caballo la hacen aún más espectacular. Hay quienes, en el sur de India, integran Holi con antiguas tradiciones dravídicas y quienes, en cambio, la han adoptado como ocasión para celebrar también a los santos locales.

Con la diáspora, Holi ha "echado raíces" también fuera de la India: en Estados Unidos, en Canadá, en Europa se llevan a cabo festivales públicos en los parques, con miles de participantes de todas las nacionalidades. Asistí a una de estas ediciones en Berlín: entre los participantes, muy pocos eran de origen indio, pero todos parecían captar el auténtico espíritu de compartir y alegría.

Cruces culturales, contaminaciones e innovaciones

No es raro que, en contextos multiculturales, Holi se mezcle con otras fiestas primaverales, desde el Nowruz persa hasta la Semana Santa cristiana, creando nuevos rituales y formas de expresión. Algunos festivales modernos proponen música electrónica y arte contemporáneo, reinterpretando los símbolos tradicionales en clave pop.

Holi en el mundo contemporáneo

En años recientes, la popularidad de Holi ha crecido exponencialmente. Eventos temáticos se llevan a cabo en decenas de capitales europeas y americanas: Londres, París, Nueva York, Sídney. A menudo, el lanzamiento de colores se convierte en una excusa para conciertos, maratones, flash mobs.

La presencia en los medios ha crecido paralelamente: fotografías de rostros cubiertos de color, videos virales de explosiones cromáticas, documentales que cuentan la historia de la fiesta. La narrativa tiende a simplificar, a veces, la profundidad histórica, pero sigue siendo una forma efectiva de transmitir el mensaje de apertura y unidad que Holi encarna.

Comercialización: entre riesgo y oportunidad

No se puede ignorar la dimensión comercial asumida por Holi en los últimos años. En muchas ciudades, la venta de kits "listos para usar" con polvos y accesorios se ha convertido en un negocio rentable. Algunos estudiosos, como el Dr. Arvind Sharma, advierten del riesgo de desnaturalizar la fiesta, pero otros ven en esta difusión una posibilidad de diálogo intercultural. Parece que la tradición es lo suficientemente fuerte como para resistir las modas: mientras se conserve el corazón del mensaje, incluso las innovaciones más excéntricas pueden ser aceptadas.

Hechos sorprendentes, supersticiones y relatos

Entre las muchas historias que he recogido sobre Holi, algunas me quedan particularmente grabadas. Por ejemplo, la creencia de que la ceniza de la hoguera tiene poderes protectores y debe esparcirse en los rincones de la casa o en los campos. En algunos pueblos se narra que el color que queda en la ropa trae suerte durante todo el año. ¿Y qué decir de las leyendas sobre Krishna y Radha? Según un relato popular, Krishna, celoso de la piel clara de Radha, comenzó a lanzarle polvos de colores para "nivelar la situación". Desde entonces, el juego se ha convertido en el símbolo de la fiesta.

Otra curiosidad: en ciertas localidades las mujeres asumen el papel de "guardianas de los colores", bendiciendo a los familiares con toques simbólicos de polvo en las mejillas o en la frente. ¿Es cierto que cada gesto tiene el poder de alejar las negatividades?

Números que hablan

En ciudades como Mumbai o Delhi, las celebraciones de Holi pueden atraer a decenas de miles de personas. Algunos eventos registran la presencia de más de 100,000 participantes. En contextos internacionales, eventos como "Holi on the Thames" en Londres o el festival de Berlín involucran a miles de personas de todas las nacionalidades, mostrando cómo el lenguaje de los colores es verdaderamente universal.

UNA MIRADA INTERIOR: OBSERVACIONES Y DUDAS

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Holi se convierte así en una reflexión sobre los temas de la inclusividad, la lucha contra las discriminaciones, la valorización de las minorías. En algunos casos, la fiesta incluso se convierte en un pretexto para campañas sociales o ambientales: recaudaciones de fondos, sensibilización sobre el uso de colores naturales, defensa de las tradiciones artesanales. Sin embargo, basta un simple gesto - el lanzamiento de un puñado de color, un abrazo entre desconocidos - para recuperar intacta la magia original.

Desde cada rincón del planeta, las voces de Holi continúan contando historias de renacimiento, de esperanza, de encuentro entre mundos diferentes. Quizás esta sea la verdadera fuerza de esta fiesta: la capacidad de adaptarse, de reinventarse y, al mismo tiempo, de recordarnos que detrás de cada color, cada sonrisa, cada canto, hay un pasado rico, una memoria que solo pide ser escuchada y compartida.

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